Pregón de Semana Santa 2007

Queridísimo pueblo, hermanos cofrades, miembros de cofradías y hermandades y cristianos vivientes de nuestra semana santa, os felicito, si, lo digo bien, os felicito.

Os felicito, porque somos capaces de llevar la semana santa más lejos de lo que en sí es o significa. Eso, ¿qué significa? Desde mi humilde punto de vista pienso que significa vivir el recuerdo de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, nuestro hermano mayor en la fe y en la vida creyente.

Sí, nuestro hermano mayor en la fe, porque si Él no hubiera resucitado hace ya casi 2000 años, hoy no podríamos vivir ésta pasión por la Semana Santa y esta PASIÓN en la Semana Santa. Pasión que tenemos los creyentes por pasear nuestras imágenes con sentimiento y devoción, pasión que hacemos fervor y que lo llevamos hasta límites, pasión por que somos capaces de sentir, y pasión porque somos capaces de no mirar más allá de lo que estamos portando o de lo que estamos acompañando con nuestras velas, cirios, llantos, cantos y oraciones.

También tenemos la otra gran PASIÓN, la de Cristo, un hombre sufriente, un Dios hecho carne que se hace hombre para compartir con nosotros todos los problemas, que se hace hombre para ser humilde con los demás, sencillo, servidor, sufriente, portador de amor y de comprensión por los que están a nuestro alrededor, fiel servidor y seguidor de Dios. Por ser así, humilde, sencillo, cercano a los pobres y desamparados de la sociedad, cercano de los que están lejos de los hombres y de la sociedad, pero cercanos a Dios, por eso y por predicar algo así como el Reino de Dios, que es un lugar en el mundo, en la vida, en el cielo, que hace que los hombres sean iguales y cercanos a Dios, que no lo vean como un ser distante, un ogro, algo lejano, sino que se sientan cercanos a Dios Padre, que nos da todo para nosotros, que nos manda a su único Hijo, que es nuestro hermano, porque nos enseña el amor y la cercanía de Dios, por todo esto lo mataron, le llamaron blasfemo y hereje, le maldijeron y demás, y sufrió, pero lo hizo por amor, porque sabía que Dios Padre todopoderoso lo resucitaría por hacer su voluntad, por darse a conocer como se dió, por ser el Dios Hijo entregado y matado, más bien asesinado.

Cuantas veces nosotros a lo largo de todos los días somos asesinos, si lo somos, asesinos de la comprensión, de la amistad, del amor, de la presencia de Dios en y con los pobres, de las ayudas, de la caridad, de todo por lo que somos llamados y considerados cristianos. Nos olvidamos de la Resurrección de Dios Hijo, de Jesucristo, nuestro Señor, nuestro hermano que nos enseña a conocer a Dios Padre, y nos acordamos sólo de la Pasión y no somos capaces de encontrar el proceso de declarar nuestro corazón, como un corazón libre que sigue a Jesús libre y resucitado, nos quedamos con el sufrimiento de unos días y nos olvidamos de la alegría de muchos siglos, de esa alegría de saber que Cristo resucitó para estar a nuestro lado hasta que Dios Padre lo diga, que ascendió al cielo y que permanece cerca de Dios Padre, cerca no, a su lado mejor, a su derecha como decimos en el Credo, que es nuestra experiencia de fe, nuestra expresión de la fe.

Hemos perdido la grandeza de lo que significa la Semana Santa, que es el recuerdo presente de la Resurrección de Jesús, nos quedamos sólo con lo que es humano de Jesús, no con lo que es divino, lo que más podemos presenciar y creer y no lo que podemos pensar o imaginar, me refiero a la muerte, me refiero a su asesinato, a su destino final, que es a lo que todo hombre llega, a la muerte, en el Nuevo Testamento, en los Evangelios, lo encontramos con el nombre de "Crucifixión" (y lo encontramos en Mt 27, 31-35; Mc 15, 24-27; Lc 23, 33; 24, 20; Jn 19, 18)

Para los contemporáneos de los Evangelios, para los primeros cristianos, para los primeros discípulos, para los seguidores de Dios Hijo, de Jesucristo, estas sencillas palabras que hoy las decimos como si nada, de esas palabras que significaban maldad, dolor, problemas, delincuencia, estar en contra de lo que manda el pueblo, distancia, preso, ausencia, todo eso significa LA CRUCIFIXIÓN, además de humillaciones, vejaciones, dolores, problemas. Pero los cristianos de hoy en día, estamos acostumbrados al honor que significa decir morir en la cruz, antes ominoso y hoy gloriosísimo, que difícilmente podemos concebir el dolor y la humillación que para Cristo hubo de ser el morir en la Cruz con todo lo que pasó con anterioridad.

De esto quiero hablar en este Pregón de Semana Santa, de la Pasión y de la Vida. Pasión lo hemos dicho, pero quiero que lo viváis con nuestras imágenes, propias de nuestro Pueblo.

Empezamos primero con la Procesión de la Dolorosa, paseamos por nuestro pueblo a una mujer dolida en su corazón, y en su vida, dolida por lo que hace su amado hijo, su amor vivo, su trocito personal de Dios, su Dios nuestro Dios nacido de ella misma, su HIJO. Que madre no se deshace en llantos, en lágrimas, en disgustos cuando sabe que su hijo está en la cárcel o en el hospital, y mucho más cuando muere y joven, como sufrió nuestra madre, la Madre de todos nosotros, nuestra Virgen de los Dolores que está en nuestro pueblo, de esa vida de madre, como la vemos sufrir, y la vemos sufrir con anterioridad a lo que pasará, la vemos antes de la alegría y de la tristeza, ella sabía lo que pasaría con su hijo, que no estaba en contra de todo, sino que enseñaba el verdadero amor de Dios.

Seguimos con nuestro día maravilloso, nuestro día siempre caluroso, siempre bonito, ese día, es un día triunfal, es el día del domingo de Ramos, del día de la entrada triunfal y Gloriosa de Jesucristo en Jerusalén, de la entrada de Cristo como Rey, pero humilde, sencillo, cercano, un rey que no viene en un gran corcel, en un imponente caballo, sino que entra a lomos de un borrico. Ese día también lo celebramos y lo vivimos en nuestro Pueblo, lo vivimos, con la entrada triunfal y maravillosa de nuestro Señor Jesucristo en nuestro Pueblo, cómo le seguimos con alegría, con cercanía, como decimos, para que todos lo entendamos, es el Jesús de los niños, debería ser el Jesús de los padres que enseñan a sus hijos, no sólo el Dios de los niños, un Jesús cercano, alegre, bonito, nosotros lo decimos con un refrán: "La procesión va por dentro", que pensaría Jesús entrando en Jerusalén unos días antes de su muerte, ¿que piensa hoy Jesús al entrar en nuestro Pueblo, sabiendo que luego no lo tendremos presente en el resto de los días? Esto lo tendremos que ir averiguando, cada uno, en todos los días de la Pasión y en el día de la Gran Vida, el día de la Resurrección. Esperamos que todos acudamos a acompañar a Jesús con la cofradía infantil acompañándolo por nuestro Pueblo.

Después de entrar, lo vemos rezar. Jesús rezando u orando en el Huerto, que bonita imagen tenemos en nuestro Pueblo de este Jesús orante, de un Jesús sufriente, de un Jesús que tiene miedo, es un Jesús humilde y humano, es uno más. ¿Quién no tiene miedo en los momentos de dificultad, en los momentos de problemas, en los momentos de angustias, de situaciones peligrosas? Todo el mundo, y aquí sí que entra esa frase muchas veces mal sonante, tenía miedo hasta Jesús, ni Dios se salva. Jesús ora porque sabe lo que se le avecina, ora en Getsemaní, en el huerto de los olivos, y recomienda a sus discípulos hacer lo mismo, todavía nos lo dice hoy a nosotros que oremos con Él para pedir a Dios Padre que le ayude y que nos ayude en esos momentos difíciles, Él les dice y nos dice: "Velad y Orad, para que no caigáis en la tentación; porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil" (lo encontramos dicho en Mt 26, 41). Buena prueba de ello es que la gloriosa humanidad de Cristo, es decir, el Cristo que conocemos en este día, en este momento, en este Jesús sufriente y orante, rehuye los sufrimientos y la muerte, porque en estos casos todo el mundo no quiere que le pase, el estar cerca de la muerte, y por eso Jesús ora y le pide al Padre celestial, a Dios Padre: "Padre, si es posible, aparte de mí este cáliz" (lo encontramos en Mt 26, 39) Cáliz lo tenemos que entender como todo el sufrimiento junto, dentro de un mismo ser, de un mismo cuerpo, de una misma copa, entendida ésta como la vida misma, es como decir: "Padre aparta de mi todo este sufrimiento que voy a recibir por parte de los hombres, de los que son mi pueblo, mis conciudadanos, aparta todo el dolor, las penas, las vejaciones, los problemas, los dolores, que pase todo muy rápido, que yo no me entere". Es duro comprender estas palabras de Jesús, vemos las imágenes pero no sabemos que quería decir en ese momento, pues lo tenemos presente, que se me pase todo este mal sin darme cuenta, mal entendido de muchas maneras, cada uno en su corazón sabe como entenderlo y como comprenderlo, esto es lo que tenemos que entender y saber cuando veamos a nuestro Jesús paseando por el pueblo, orando, sufriendo y llorando, para que lo comprendamos y vivamos como Él lo hizo, significa mucho ver a Jesús como uno más, con miedo. Después de esos momentos se repone, se levanta de esa gran caída a tierra, de ese abajarse y ser igual que los hombres, de ese dolor y sufrimiento, se sobrepone y dice: "Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Está en Lc 22, 42)Que palabras, hacer tu voluntad, no siempre dejamos las cosas para otras personas, sino que lo queremos hacer todo nosotros, que humildad, dejarse y ponerse en las manos de Dios Padre, que entrega más bonita ponerse a disposición de otro y más de su propio Padre, espero que veamos todo esto en nuestro pueblo cuando veamos la oración del huerto, ese sufrimiento, ese dolor y esa entrega total, sin poner nada a cambio, sin pedir nada, sin reclamar nada, dándolo todo por Amor, por Amor al Padre, a Dios, por Amor a todos nosotros, por Amor a todas las personas que sufren.

Después continuamos en la Semana de Pasión de Nuestro Señor, con el momento de discordia con el pueblo judío, el ECCE HOMO, es decir, cuando está amarrado a la columna, o como conocemos en nuestro Pueblo, el "Amarrao", Jesús es traicionado por Judas, entregado a Anás y Caifás, insultado por sus propios conciudadanos, humillado por el Pueblo que él vino a Liberar, perdido por los suyos, abandonado por sus discípulos, dejado de la mano de Dios, como solemos decir en lenguaje del pueblo. Abandonado, abandonado, no por todos, Dios Padre está con Él, y en estos días está acompañado por nosotros, que estamos a su lado, sí tenemos compasión de sus azotes, porque fuimos y somos quienes nos los merecemos, no le dejamos tirado, no nos vamos, continuamos cerca de Él, pero le vemos sufrir, llorar, retorcerse de dolor, de ese dolor aplicado por Poncio Pilatos después de ser llevado de la casa de Anás y Caifás. Cristo, fue atado y flagelado, ya que eso era parte del sufrimiento y del dolor de la crucifixión, de la muerte más sanguinaria de la época, de la muerte en Cruz. Esta humillación, antes de la muerte, se le aplicó a Jesús para tocar el corazón de los judíos y evitar así su muerte en la Cruz, pero esto no lo consiguió Pilatos, ya que hizo que el pueblo deseara más y más la muerte. ¿El pueblo?, no, el pueblo no, los jefes del pueblo y los sacerdotes y fariseos, querían acabar con Él porque decían que tenía más poder que ellos, y eso no era bueno para Israel. Lo acusaban de sublevarse contra Roma, le llamaron blasfemo, hereje, querían que fuera el rey, pero no de ellos, sino de los bandidos. Los romanos le ataron, le azotaron, le coronaron de espinas, pues era el REY. En estos días de Pasión y de vida estamos acompañando a este "amarrao" en su sufrimiento y humillación, en este dolor, no nos alejamos, seguimos a tu lado Señor.

La siguiente imagen que tenemos en el pueblo y que veneramos muchísimo, es la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, es una imagen a la cual yo he estado vinculado muchísimo tiempo, y espero seguir vinculado a ella. ¿Qué podemos decir de todo ese proceso de cargar con la Cruz? Mucho. Es saber que es un momento muy malo en aquella época, era el suplicio mayor para un criminal, el pasear con la cruz de tu propia muerte por un recorrido para que la gente te viera y te insultara, se burlara. Que indignante ir por la calle y que te escupan, te insulten, te humillen, te digan de todo, y tú sabiendo que eres inocente, que no tienes culpa de nada, de la única culpa que es culpable nuestro Señor es de anunciar la buena Noticia de Dios Padre, la noticia del Amor, y por eso le invitaron a ir con su propia cruz, con su propio lugar de muerte, ir con la cruz a cuestas era ir con un madero atado a la cabeza y a las manos, ésto hacía más dolorosas sus caídas, más dolorosas las heridas infligidas con anterioridad, los latigazos, los golpes, el hambre, los calambres del dolor, los músculos agarrotados, todo, además de la perdida de sangre que eso conllevaba, las caídas eran por falta de verticalidad, de exceso de peso del madero. Pero siempre había gente que lo acompañaba, y siempre eran mujeres, que le lloraban, que le limpiaban el rostro, que sufrían por Él, y Él era capaz de olvidarse de su dolor, de su sufrimiento y apenarse de esas mujeres, que seguro que eran de sus seguidoras de mucho tiempo, sus "discípulas" de verdad, las que no le abandonaban. Sí, Jesús cargó con su Cruz, con la cruz, con el destino de su muerte, y lo hacía por todos nosotros, por nuestros pecados, nuestros sufrimientos, con la cruz que deberíamos haber llevado, con la cruz que llevamos cada día, con nuestra cruz. Jesús, en esa cruz que lleva sobre su espalda sangrante, lo ve como la misión del Padre que le ha encargado, nuestra salvación. Jesús es completamente libre, está ahí por su propia voluntad, por su propia decisión, por su propio amor a todos nosotros.

Jesús cae varias veces al suelo, rostro en tierra, dolor, sangre, sufrimiento, y no puede levantarse, tiene las manos atadas a ese leño de muerte, a ese leño de salvación, a ese leño de limpieza de pecado, a ese leño pesado que le va destrozando las manos, la nuca, la espalda, que se le clava con la corona de espinas, que le va desgarrando la carne y que hace que .los brazos en forma de cruz se vayan quedando sin fuerzas. ¿si nos dijeran que levantáramos las manos y las pusiéramos en cruz, aguantaríamos mucho tiempo? Seguro que no, ahora imaginémonos que cada uno tiene un leño deforme sobre la espalda de unos 70 kilos, que esta atado a nuestras manos, que nos obliga a ir hacia abajo por el peso, y además todo el griterío de la gente, insultos, humillaciones, golpes con piedras y con comida podrida. ¡Qué humillación para nuestro Señor, que humillación para los seguidores de Cristo que lo veían como el Mesías, y que huyen por que lo ven ahora como un bandido! Pero Jesús es ayudado, por las mujeres que le animan, que lloran por Él, que llegan y le limpian el rostro del dolor, un poco por compasión, por sinceridad de corazón, por Amor a ÉL, al que le obligan a cargar con la Cruz, porque es fuerte y está cerca y que descubre que no era un bandido, sino puro amor, pura Vida, pura cercanía, pura sencillez. Tenemos que ser como esas gentes que estaban arropando los últimos pasos en el camino de la vida de Jesús, tenemos que ser mujeres de Jerusalén que le lloran y que le acompañan, madres que siguen a su lado en el peor momento, gente que se acerca para limpiar el dolor y la sangre, gente dispuesta a cargar con la Cruz del Señor en cualquier momento y sin decir ni una palabra a cambio, tenemos que ser eso, discípulos verdaderos del Maestro.

Me extiendo un poco con el cargar la Cruz, pero pienso que es un momento culminante dentro de la Pasión, es el verdadero paso entre la Pasión muerte y la Vida resurrección. Cuando veamos esa cara que tiene el Nazareno en su procesión veamos todo ese sufrimiento, todo ese dolor, toda esa agonía, y digamos en nuestro corazón, "Jesús, heme aquí, para ayudarte a cargar con mis pecados, con mi vida, y me tienes aquí para ayudarte y darte las gracias porque tu eras capaz de aguantar todo por mi, yo también lo hago por ti, tú me has enseñado a ser tu seguidor, a adorarte y verte en todo lo que está a nuestro alrededor, Jesús, heme aquí".

Que imagen más bonita tenemos, el Cristo del Perdón, también lo conocemos como el crucificado, y mi abuela me decía de joven, mejor dicho, de niño, que era el Cristo del humilladero, yo no entendía eso del humilladero, o lo del Perdón, ahora si. Como he dicho antes, que imagen más bonita, y que nombre más bonito le hemos puesto, del Perdón, porque eso es lo que hace Cristo en la Cruz, perdonarnos, darnos el Perdón. Pero antes del perdón, lo vemos llegar al sitio del suplicio, y vemos que fue despojado violentamente de sus ropas, que se habían pegado a su cuerpo por motivo de la sangre que brotaba de su espalda, por todo el daño infligido sobre sus carnes, luego fue atado a ese palo que llevaba durante todo el trayecto, además fue calvado de pies y manos, ya que eso se hacía con los peores criminales, para que además, de morir por asfixia, murieran por desangrarse, después fue alzado sobre el palo que estaba esperándolo, y al mismo tiempo más humillación por parte de sus condiscípulos, de sus conciudadanos, de sus supuestos paisanos. Después de todo dolor, sus labios consiguieron abrirse y decir unas palabras: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (cifrando Lc 23, 34), de ahí que nosotros le llamemos Cristo del Perdón, porque incluso en ese momento de tortura, de dolor, de sufrimiento, fue capaz de perdonar, y además lo hizo de todo corazón. No cabe duda alguna de la infinita misericordia de Nuestro Señor para con los pecadores, para con todos nosotros. Después tuvo palabras de consuelo para uno de los condenados a muerte con Él, para su madre, para su discípulo amado, en el cuál estamos reflejados todos los cristianos. Nosotros somos seguidores de la Cruz, porque es donde murió nuestro Señor, sabiendo que morir en una cruz es morir como esclavo, como un bandido, pero para nosotros murió como Salvador, cargó con su cruz, si eso hubiera pasado en nuestros tiempos seguro que cargaría con la silla eléctrica, o con la soga, o con la camisa de fuerza para la cámara de gas, pues son nuestras penas de muerte en el mundo que siempre las vemos, pero nosotros estamos orgullosos de la pena de muerte de Jesús, si, porque es el motivo de nuestra Salvación y de nuestro Perdón.

Cristo muere en la cruz, desaparece su vida, desaparece el sol, desaparece todo el odio de sus conciudadanos, desaparecen todos los que le humillaban, se quedan los romanos, las mujeres, su madre, Juan, y algunos más, pero todo se acaba, se acaba la diversión, la fiesta montada al rededor de la muerte, pero Cristo continúa allí colgado, ensangrentado, roto, destrozado, humillado y abandonado por los que Él quería y amaba, pero nosotros acompañamos a nuestro Cristo del Perdón o nuestro crucificado por el Pueblo, le seguimos, estamos a su lado, y esperamos no dejarle de lado.

La Cruz, la cruz está, pero ya no siente vida, sino muerte, la cruz tiene entre sus maderas la Sangre de Dios, la sangre del Perdón, contiene al Amor de los amores, como decimos en la canción popular. La Cruz, la cruz. Tenemos en el pueblo una imagen que no le damos importancia, La Cruz desnuda, y acondicionada con los trapos o los lienzos con los que descolgaron a Jesús, la Cruz desnuda que ha tenido entre sus ramas a la Vida, la cruz muerta con la muerte, la cruz sin vida con la vida, la Cruz del Señor, la cruz que casi todos llevamos colgada en el pecho, que significa mucho para nosotros, la cruz de la Salvación. Sí, pongo ésta imagen aquí, creo que es su lugar, después del crucificado y antes del entierro, y en el pueblo la ponemos al principio, como símbolo de lo que todo pasará, y delante de todo lo que seguirá, pero pienso que sería mucho mejor en su sitio, en el momento del descendimiento, del descuelgue, del bajar a Cristo. Cristo ha terminado de padecer, de sufrir, ya terminó todo, está muerto, sin vida, y además esa vida llena de amor ha sido destruida, acabada, aniquilada, que palabras más fuertes, pero es así, ¿cuánto hubiera enseñado por el mundo si no lo hubieran matado, con toda la vida que le quedaba por delante? Ahora está muerto, y la Cruz vacía, sin vida, antes tenía vida, pero para morir, ahora está muerto pero para vivir, ha muerto Cristo, para poder dar la vida de la Salvación, y nos deja el recuerdo de su muerte por medio de esa Cruz vacía, llena de dolor, de sufrimiento, de sangre, y sobre todo una Cruz llena del Amor de Dios para todos los hombres.

A Cristo lo descuelgan, lo limpian, lo preparan, lo acondicionan para su entierro, aquí entra nuestra imagen, El Santo Entierro. José de Arimatea pidió el cuerpo de Cristo a Pilato, le ayudaron, estaba a su lado Nicodemo, ambos miembros del Sanedrín que le juzgo y que le obligó a morir por medio de las manos de los romanos, y después con algunos más lo enterraron en una tumba nueva, que fue ocupada por la Vida, si por la vida, ya que se ocupó por Cristo, que es la autentica vida, la vida en mayúsculas. Después de eso, silencio, Paz, llantos, despedidas, recuerdos, momentos vividos con Cristo, pasa todo por la mente de los que están acompañando el cuerpo inerte. Enterramos a Cristo, lo hacemos un viernes, ya que para los judíos el día sagrado es el sábado, por eso el darse tanta prisa por enterrarlo en un huerto cercano a su muerte, para que no les alcanzara el día de descanso, para los judíos el día del sabat o del sábado como decimos nosotros, empieza al oscurecer del día anterior, es decir del viernes, el día de la muerte, al ocultarse el sol. Eso es lo que pasó, se ocultó el sol de la vida dentro de la tierra, entró el viernes en la tumba por medio de sus amigos, Resucitó el Domingo y salió de la tumba por sus propios pies. Viernes Santo, día de dolor por la muerte de un ser querido para todos, nuestro hermano mayor en la fe, de nuestro maestro de la vida, de nuestro Amor. Acompañamos el santo entierro, estamos a su lado, hoy en día, en nuestro pueblo acompañamos a la Vida muerta, al cuerpo sin vida del Amor, al Cristo muerto por todos nosotros.

Descansamos un día, el sábado Santo, un día sin nada, sólo, es un día del recuerdo, del sentimiento, de la espera, del silencio, del sentir y ver en uno mismo el recuerdo de nuestro Señor. No tenemos imágenes para ese momento, no hay nada, ni en las Iglesias, ni en ningún sitio, no hay celebraciones, no hay nada, sólo espera.

Esa espera se hace palpable y visible el Domingo Santo, el Domingo de Resurrección o de Pascua, al amanecer, cuando sale el sol.

Aquí es dónde entra nuestra última imagen, la de Nuestro Señor Jesús Resucitado, saliendo de las tumbas, volviendo a la vida, esa vida dada por el Padre, después de su Resurrección se aparece a sus discípulos, pero primero a las mujeres, en especial María su madre, nuestra madre, María Magdalena, y otras, que siempre han estado a su lado, incluso en el momento de la alegría.

Resucitar, que cosa más bonita, y todavía no nos acostumbramos a eso, a saber que Cristo volvió de la muerte para estar con nosotros para siempre, y luego subir al Padre y desde allí esperarnos. Todas nuestras Semanas Santas, son semanas de Pasión, de sufrimiento, de humillación y casi nunca nos acordamos del mejor momento, que es la Resurrección, el momento de la vida, del estar de nuevo a nuestro lado, del momento de la confirmación de Jesús como hijo del verdadero Padre Dios, vuelve el sol escondido en la tierra, vuelve la verdadera Luz que alumbra el verdadero camino que Dios Padre nos ha dado, nace de nuevo la alegría en los corazones, el saber que volvemos a estar acompañados por Dios, por Dios Hijo, por Jesús.

Yo soy el primero que siempre he celebrado la semana santa, la Semana de Pasión y hasta hace poco empecé a celebrar la Semana de Vida, la semana de agonía que tiene que pasar Nuestro Señor para llegar a la Vida. Espero que estas palabras entren en nuestros corazones y que dentro de unos días cuando celebremos la Pascua, que significa Paso, para nosotros es el Paso de la muerte a la vida, y para celebrar este paso, Jesús nos dejo su testamento, que nosotros lo hacemos visible y palpable todos los días con la celebración de la Eucaristía, que nos la dejo Jesucristo para recordar y memorar su Paso, su pasión y Vida, su alegría de estar con nosotros para siempre por el mandato de Dios Padre.

Con esto quiero terminar, con la alegría de la vida, con la alegría de saber que Cristo Resucita, porque primero a muerto por nuestros pecados, que resucita por mi, y por cada uno de nosotros, que vuelve de entre los muertos y de entre el sufrimiento para decirnos que todo lo que ha dicho durante mucho tiempo es verdad, que el Padre nos ama, y que tenemos que amarnos nosotros también como Él nos amó, que nos perdonó nuestros pecados con su muerte y que nos dio vida y alegría por medio de su Resurrección.

Ya termino, porque no me quiero entender mucho, quiero primero pedir perdón públicamente, a todos mis paisanos y los demás que venís o vienen a nuestro Pueblo para participar de esta semana de la Vida, perdón porque a lo mejor he podido herir vuestros sentimientos por decir estás palabras del pregón, perdón porque a lo mejor estas palabras han movido vuestro corazón, perdón por no hablaros de Teología ni de las cofradías del pueblo, pues he querido hablar de las imágenes que tenemos que representan toda la Pasión y la vida, desde mi humilde punto de vista, pues soy igual que cualquier otro cristiano, me he querido centrar más en Cristo y por eso no he querido hablar de María, sólo la he plasmado al principio, perdón por todo el tiempo que os he tenido aquí.

He querido hablar de Pasión y Vida, y os digo que nosotros celebramos la Pasión con mucha vida y la verdadera Vida en mayúsculas con Pasión, pasión entendida como dolor y como alegría, pasión por querer celebrar y vivir un momento de nuestra vida al lado de Cristo. También quiero agradecer a mi grandísimo amigo de toda la vida, mi gran Sebas por invitarme a este día que con más miedo que vergüenza me he atrevido a decir unas palabras para que mis paisanos puedan vivir la Semana Santa, gracias a mi mujer que me ha ayudado a preparar estas cositas y gracias a todos vosotros por estar hoy aquí escuchando mis palabras, gracias Cabeza del Buey porque después de mucho tiempo vuelvo a mi pueblo que me vio nacer. Gracias Señor por ayudarme en estos momentos, espero que estas palabras nos ayuden a todos. Muchas gracias, viva Cristo Resucitado. Viva Cabeza del Buey.

RAUL DAVID MIGUEL CALVO