Pregón de Semana Santa 2006

A MI HIJA CHELI, QUE ESTA CON JESUS EN EL PARAISO.

Buenas tardes a todos, con la emoción por delante, después de haber escuchado estas entrañables palabras que dedican a mi persona. Algo que en definitiva me honra es poder valorar el hecho de que se me considere un vecino más, un ciudadano más de Cabeza del Buey. Para mí es un timbre de gloria y honor, lo digo con toda sinceridad. Y al propio tiempo, el hecho de que se haya requerido mi presencia para pronunciar precisamente este evocativo momento, en que la trascendencia singular de un hecho que transforma la esencia viva, la esencia misma del concepto de la humanidad. Hay un antes y un después, antes de Cristo y después de Cristo.

Pero también me supone un trance manifiestamente grato, el agradecer a la Junta de Cofradías de Cabeza del Buey, a sus hombres abnegados, a sus mujeres, que, con esfuerzo maravilloso, están transformando, en definitiva, la Semana Santa de Cabeza del Buey, dentro del marco litúrgico de la Parroquia, con ayuda también de las autoridades y que consideren este acto también como homenaje a ellos.

Y, prioritariamente, quiero señalar que el esfuerzo que realizan cotidianamente a lo largo del año y concretado específicamente en un momento crucial como este, son los determinantes de un protagonismo, de un protagonismo que ciertamente, la verdad sea dicha, corresponde a Jesús, al gran hombre, al gran Dios. Este es un hecho cierto. Pero protagonismo por parte de estas personas. Y yo, desde mi modestia, animo en la consideración más nítida, a todos para que sigan contribuyendo.

Hay un hecho para mí singularmente significativo y es que esto se hace a través de arranque popular, a través de un arranque del pueblo. Es decir, la esencia misma del sentir y del vivir religioso y cristiano está en la médula esencial del pueblo, por encima de cualquier otra valoración y de otra consideración.

Yo soy creyente, lo proclamo, lo he dicho siempre, en cualquier circunstancia y en cualquier lugar. Pero creo que el mensaje de Jesús, el mensaje que Jesús nos brinda aquí, es un mensaje para todos, es un mensaje para el creyente y para el no creyente. Para el creyente en función y en base a la fe que tiene. Y para el no creyente, en razón, y en base a la reflexión que estas motivaciones determinan.

Yo quiero, por otra parte, hacer un saludo, un hincapié claro, en relación a las distintas Cofradías. La Cofradía de la Virgen de los Dolores, conocida como la Dolorosa.

Y también a un acto aparentemente más humilde, porque no tiene respaldo de la Cofradía, que es precisamente la entrada en Jerusalén de la borriquilla. Acto solemne, majestuoso, extraño para muchos, pero alabador para todos. Cuando Jesús, el Hosanna glorioso, entra el Domingo de Ramos en Jerusalén y siente la aclamación espontánea y generosa del auténtico pueblo. No de aquellos que están encumbrados y que, más tarde por razones de privilegios y de comodidad, son promotores de la muerte de Jesús. Así que esta imagen patrocinada precisamente por las madres y padres de los alumnos de los centros educativos, para mí tiene también, aunque no esté dentro de lo que es el concepto de Cofradía, un valor específicamente singular.

Luego, Jesús Orando en el Huerto. Una Cofradía, que ya tiene solera, que ya tiene tradición, que ya son cincuenta años, y que arrebata a determinadas personas en su fe y en su vocación.

Por otra parte, el Jesús Amarrado a la columna, conocido en término popular, en el término coloquial, como el Amarrao, que es una Cofradía, por lo visto, según las referencias que me han dado, de reciente creación.

Y por último, no es que yo sienta un privilegio o marque un privilegio irracionalmente superior. Es que hay un hecho para mí ciertamente inequívoco. Yo pertenezco a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. El hecho de pertenecer a esta Cofradía, determina, me exige, precisamente, un tributo mayor. Porque en cuanto la valoración, la configuración de lo que es la Semana Santa y, en concreto y particularmente, Jesús, la agonía de Jesús, el vivir sus últimos instantes mundanos. Jesús es algo que nos arrebata a todos, ciertamente. Yo también quiero decir que siento alguna modesta responsabilidad como miembro precisamente de esta Cofradía. Se que esta Cofradía tiene una larga historia. Esta Cofradía está unida, ciertamente unida, a las raíces vivas de una tradición religiosa en Cabeza del Buey. Arranca de tiempos inmemoriales. No soy la persona determinante y cualificada precisamente para hacer una historia de esta Cofradía. Aunque realmente podemos hablar pues precisamente de la Cofradía de la Santa de la Vera Cruz, de la Cofradía de Nuestra Señora de Armentera, cuando precisamente tenían el enlace y la sujeción por esta Cofradía. Es curioso, porque según los datos que me han facilitado y las referencias que yo tengo, esta Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, figura esbelta, maravillosa, emotiva, trascendente, que verdaderamente anonada el contemplarla, pone dolor y alegría al propio tiempo. Porque Jesús, el Nazareno, es el contraste entre la vida y entre la muerte y para nosotros, en definitiva, es algo que nos marca y nos definirá en toda nuestra vida que es la inmortalidad.

Precisamente con su sacrificio, con su muerte, muerte real y efectiva, porque Jesús resucita, pero esta resurrección maravillosa de Jesús supone que nos hace a nosotros inmortales, que nos hace vencedores de la muerte.

Se dice muchas veces, con alguna razón, que el gran fracaso del hombre, que el gran fracaso de la humanidad es la muerte. Se ha avanzado mucho en cuanto a curaciones, en cuanto a posibilidades de vida, etc. Pero siempre queda detrás el espectro insalvable de la muerte. Pues bien, podemos en nuestra condición de creyentes y posiblemente de no creyentes también, considerar que la base, la mística esencial de todo el Cristianismo, está en el hecho fundamental y trascendental de la resurrección de Jesús.

Empieza auténticamente el cristianismo cuando Jesús resucita. Jesús hubiese sido un hombre maravillosamente extraordinario, un gran profeta, un gran Rabí. Pero hubiera quedado a un nivel eminentemente humano, únicamente y exclusivamente humano. No es así. Jesús ha vencido a la muerte y al vencer Jesús a la muerte, hace que nosotros también la venzamos.

El hecho cierto, por otra parte, es que en España, para bien de todos, hay una tradición de la Semana Santa, hay una nostalgia de la Semana Santa, hay unas vivencias de la Semana Santa. Es algo que arraiga, independientemente de posturas ideológicas, porque que arranca del seno del pueblo, y yo considero, que todo lo que tiene auténtico y efectivo valor es aquello que representa al pueblo. Son las más puras y entrañables raíces. En España somos conscientes, y cada día, sin oficialismo de ninguna naturaleza, va progresando el espíritu de la Semana Santa. Y así en Extremadura, siempre recuerdo en Valverde de la Vera, la noche de los empalaos; en Oliva de la Frontera, su representación de la Pasión. En Murcia, las imágenes de Salcillo. Es decir, esa inspiración cuasi divina en el cincel de Salcillo con sus vírgenes maravillosas. Y Sevilla. Sevilla verdaderamente con sus sesenta y una Cofradías, con una tradición que arranca del Siglo XIII. Con unas imágenes imborrables. Con un Jesús del Gran Poder. Con un Cristo de los Gitanos. Con las Vírgenes maravillosas, que producen alegría, tristeza, fervor íntimo en la vocación inenarrable de todo creyente, y en la reflexión, como vengo diciendo, de aquellas personas, que sin estar en esa línea, precisamente, corresponde su conducta y su actitud a un sentimiento también de vocación eterna.

No quiero extenderme demasiado porque el tiempo va apremiando un poquito y estaría conversando, dialogando con vosotros mucho tiempo.

Pero en fin, quiero limitarme a hacer unas pequeñas consideraciones, aparte del aspecto que pudiéramos llamar no externo. Porque toda la gloria de los pasos profesionales, de las imágenes, no es folclore. Podemos en ocasiones débilmente considerar que es folclore: el barullo, la calle, etc,. Pero se entiende que es algo más. Es muy superior a una simple actividad. Pensemos que una imagen vale más que mil palabras. Que una Dolorosa vale más que toda una valoración en términos intelectuales de religiosidad. Que Jesús, el summun, el máximo, el Jesús que agoniza, es algo superior a cualquier entelequia, a cualquier valoración humana.

Pues bien, yo tengo dos aspectos en este sentido que encajan de alguna manera en lo que es la Semana Santa y que a mí, como cristiano, como creyente, como católico practicante lo proclamo, lo digo y es notorio y público, me han conmovido extraordinariamente. Y es precisamente el Sermón de la Montaña y las Bienaventuranzas. Todo un mensaje. Pero un mensaje que sirve no solo para los cristianos, sirve para todos los hombres de buena voluntad. "Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad", se dice cuando la anunciación, cuando Jesús en el pesebre de Belén, precisamente nace para redimir a la humanidad. Pero redimirla de una manera sencilla, de una manera afectiva. Ha habido profetas, efectivamente precursores, pero nadie tiene la grandeza de vista, de presencia, de aptitud .

Y así el Sermón de la Montaña, siempre lo digo con toda sinceridad, me ha conmovido. Cuando se dice "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos". "Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra". "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados". "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia". "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios"." Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios. "Bienaventurados los Perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos". "Bienaventurados seáis cuando os injurien, os persigan y digan contra vosotros toda clase de calumnias por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo". ¡Qué mensaje!. ¡Qué verdad!. Es eterno. Es decir, viene de atrás y de futuro. No tiene tiempo, pero para nosotros, que tenemos una concepción limitada evidentemente del tiempo, aun cuando el tiempo, el esquema del tiempo con Jesús se rompe radicalmente. Porque Jesús nos inmortaliza. Es decir, nosotros somos inmortales con la obra de la redención de Jesús y eso tiene una trascendencia que hace y obliga a una meditación seria y reflexiva. Y luego por otra parte, como base que conmueve a cualquier sentido humano, es "ama al prójimo como a ti mismo" y "amaos los unos a los otros como yo os he amado".

Verdaderamente estas ideas recogidas en los Evangelios sinópticos, en los Evangelios canónicos marca una realidad presente y futura para la humanidad. La humanidad empieza, en definitiva, a vivir con integridad, con valor, con destreza y con la seguridad de que esto no termina aquí, que hay un más allá. Muchas veces, por desgracia, inicialmente un ser querido nos abandona, nos desgarra el corazón. Qué duro sería pensar que aquí haya terminado todo. No es así. Gracias a la obra redentora de Jesús, al mensaje inenarrable de Jesús la muerte se ha vencido. Ese error, es decir, esa poquedad, esa cortedad, ese fracaso del hombre se ha superado por otro hombre, Dios, que en el laboro de la Cruz nos mira y nos dice, elevándonos a la suprema condición, de seres inmortales.

Y hay otro contrapunto a este también. Es el sermón de las Siete Palabras del Viernes. Yo lo recuerdo siempre con emotividad, porque tuve ocasión de presenciar este acontecimiento religioso en la Plaza Mayor de Valladolid. El Sermón de las Siete Palabras, que pronuncia Jesús en la Cruz. Jesús ha tenido evidentemente como hombre, sus momentos débiles, después de ayunar cuarenta días es tentado, pero El reacciona de una manera rotunda frente al maligno.

Jesús llora incluso, cuando en uno de sus milagros, la maravilla de Jesús, los milagros de Jesús, Marta y María íntimas amigas suyas, le dicen: mi hermano Lázaro ha fallecido. Llora Jesús en ese instante. Le conmueven a Jesús. Porque Jesús tiene una valoración divina. Por supuesto, yo en ese tema no entro porque es cuestión de otra reflexión y de otra persona que pueda hacerlo. Pero reacciona como un ser humano cualquiera. Jesús reacciona como un hermano nuestro, es nuestro compañero. Es con el que podemos dialogar, referirle nuestras cuitas. Dios es grande, no lo dudo. Pero a mi me intimida un poquito el Dios del Sinaí. Pero no el Dios Jesús, no Cristo. El me abre los brazos de encuentro fraterno, cordial, entrañable. Es mi amigo, es mi compañero.

Pues bien, a mí me han conmovido siempre las Siete Palabras, "Díos mío, Díos mío, perdónales porque no saben lo que hacen". Y hay otra palabra, que es la segunda, cuando el buen ladrón, San Dimas, se dirige a Jesús: "Acuérdate de mi cuando estés en tu Reino". No demora Jesús un instante y le dice: "hoy, precisamente hoy, este viernes estarás conmigo en el Paraíso". A mí, me conmueve sinceramente esta reacción de Jesús, extraordinaria. Y ese momento cuando dice a cualquier persona de nosotros, lo puede decir y lo dice constante y diariamente, "hoy estarás conmigo en el Paraíso". Entonces nuestros muertos, las personas amadas, entrañables que nos han antecedido en la vida, entonces podremos decir hoy estarán con el en el Paraíso, porque El les está esperando desde arriba.

"Mujer ahí tienes a tu hijo, ahí tienes a tu madre. Y hay otro momento que desgarra. Otro momento que yo enlazo también con el momento en el Huerto de los Olivos. Estamos en el Jueves Santo. Jesús ha concluido la última cena. Se ha dignado lavar los pies de sus discípulos. Ha establecido el Sacramento en que consagra su cuerpo y su sangre como perenne presencia suya en la tierra y va al Huerto de Getsemaní para orar. Le siguen Pedro, Santiago y Juan: "orad, mantened el ánimo vivo". Pero la carne es flaca y es débil y los apóstoles se duermen. Y en ese momento, Jesús se humaniza de alguna manera y El tiene conciencia plena, absoluta, radical de lo que le va a ocurrir y entonces dirigiéndose al Altísimo, a su Padre, le dice: "si es posible aparta de mi este cáliz". Pero reacciona inmediatamente. La naturaleza fuerte, es decir, la obra suya que tiene que cumplir: "pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya".

Y esto lo enlazo precisamente con otro momento clave, fundamental en las Siete Palabras "Eloí Eloí ¿ lemá sabactaní?", "Dios mío, por qué me has abandonado". Es un grito de tribulación. Jesús ha pasado por la vía dolorosa. Jesús ha sufrido las tribulaciones, las afrentas, primero con Anás. Luego con Caifás. Luego con Pilatos. Luego con Herodes Antipas. Luego nuevamente con Pilatos. Es decir, algo que le ha desagarrado, le ha destrozado. Ha sido flagelado, ha sido ultrajado, coronado con unas espinas. Una caña como cetro. Exactamente ha sido terriblemente vejado, destrozado por completo y en ese momento Jesús dice: "Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado". La debilidad surge también: "tengo sed".

Luego ya, como anticipo de la resurrección, "Todo se ha consumado". Y por último, "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"·

No voy a hacer una mención expresa y determinante, porque el tiempo avanza y yo creo que me estoy extendiendo demasiado, sin darme cuenta.

Pero quiero también singularizar no ya en el conjunto de milagros que Jesús, para dar efectividad de su presencia, de su divinidad, realiza. Para mí, hay tres que son fundamentales y que hablan precisamente y enlazan y enraízan en estas ideas de la Semana Santa, que son la resucitación. El resucitar, que es la revificación más bien, que resurrección, de por un lado el hijo de la viuda de Naín, la hija de Jairo y Lázaro. Terminante la palabra cuando se dirige al joven, cuando se dirige a la niña, "Muchacho, joven, levántate y anda". Lázaro lleva ya enterrado tres o cuatro días. Las hermanas le dicen:"Jesús si hubieras estado aquí no hubiera ocurrido esto, no hubiera muerto mi hermano". Y en ese momento, es significativo, porque nos dicen los Evangelios que Jesús mira hacia el cielo y acude a su Padre como buscando ayuda y llora. Llora por la muerte de su amigo. Esto es trascendental, verdaderamente humano, trascendentalmente humano.

No voy a seguir. Tendría muchas cosas que decir y quizás las diga un poquito con el sobresalto y la emoción que a mi me impone esto. Sino simplemente deciros que hay un mensaje también en Jesús que prevalece, y que si lo pensamos todos, creyentes y no creyentes, porque cuando yo hablo de Jesús lo digo sincera y espontáneamente, a los creyentes y no creyentes, porque entiendo que la idea, y lo dije antes, de la doctrina de Jesús es fundamental para el creyente, pero también lo es para la persona que está en la duda, para la persona que está en la incertidumbre. Ciertamente, yo creo en la palabra de Jesús plenamente. Tengo fe. Pero el que no tenga fe, que reflexione sobre ello.

He leído, hace tiempo, dos libros importantes con respecto a la vida de Jesús, que a mi me atrae y me embriaga de alguna manera. Uno de Renan, la "Historia de Jesús", que es un agnóstico, un hombre ilustre. Es un politólogo exactamente. Pero la visión que da de Jesús no divinizada, no como Dios, sino como Hombre, es absolutamente enternecedora, es maravillosa. Otro, es Giovanni Papini, en la "Historia de Cristo", conmueve también. Quizá con cierta pasión hacia la figura de Jesús y descarta y elimina la presencia de aquellos Apóstoles que El considera personas débiles y de aquellas personas que estaban inscritas, también, dentro del mundo de los Fariseos, dentro del mundo del templo, José de Arimatea, Nicodemo, que tienen una participación extraordinaria.

Y por último, llego ya al final, a la Resurrección. Vuelvo a repetir, la base del Cristianismo surge el Domingo de Resurrección. El hecho está plenamente comprobado. Jesús recogido en su tumba, por José de Arimatea, que se la cede. Esta tumba de Jesús está en el Huerto de los Olivos, al lado del Gólgota. No hay posibilidad en aquel momento de embalsamarle porque está completamente destrozado. Jesús ha muerto físicamente y se produce de inmediato el milagro de la resurrección. Y hay quién no lo cree. Entre ellos uno de los puntales suyos, que es San Pedro. María Magdalena, las mujeres que son apóstoles de Jesús también, han acudido al Sepulcro y ya no está Jesús. Entonces la significación de este hecho trascendental configura toda la vida del Cristianismo, toda la resurrección de Jesús.

Muchas gracias por vuestro cariño y vuestra atención.

MARIO HERMIDA GONZALEZ

Reproducción literal, obtenida de cinta magnetofónica, del Pregón de Semana Santa pronunciado por Mario Hermida González el día 1 de Abril de 2006 en el Centro Cultural de Cabeza del Buey. Nuestro agradecimiento a Estrella Izquierdo por su colaboración.